RequeteSabio

 

Papá y Mamá

 

MAMÁ, PAPÁ... VALE LA PENA PENSAR...

La mayor parte del tiempo y espacio del niño, se resume al tránsito de la  escuela  a su hogar. En la escuela está en una sala de aula, aprendiendo con docentes y compañeros. En casa, compartiendo con la familia o amigos. Muchas veces, sólo frente a la TV. Los niños, niñas y jóvenes, también recorren la ciudad, caminan por las aceras invadidas, en medio del tránsito intenso y de un sin fin de agresiones de publicidad sonora y visual...un paisaje urbano completamente irrespetuoso a su condición de ser humano en pleno crecimiento.
¿No debería, más bien, abrirle espacios apropiados para el ejercicio de sus derechos y deberes  ciudadanos, tanto en plazas, parques,  áreas verdes como en la ciudad en su totalidad?.
El espacio público debería ser un medio motivante, un lugar saludable que de prioridad a la convivencia social. La ciudad, a través de sus espacios urbanos, debe estimular la creatividad y el sentido común, ese que se piensa siempre en el colectivo, puesto que sobre la vida colectiva, es que aprendemos a ser mejores ciudadanos.
De allí que, nuestras ciudades deban trazarse el mayor de los desafíos; ofrecer a la infancia y la juventud, principalmente, espacios para el arte, la música, el deporte, el entretenimiento y el bien-estar junto a la familia y amigos.
Interactuando en los espacios públicos por excelencia, herencia de nuestra historia, el niño(a) puede aprender a ser un ciudadano más sensible y comprometido y analizar desde su perspectiva infantil, la importancia del contacto entre las personas y el respeto que merecen las relaciones humanas…teniendo al espacio, como testigo de su vida.

La ciudad, para el ciudadano, es un derecho que  debe ser ejercido desde la más temprana infancia.